Hace algunos años cuando estaba terminando mi concurrencia, formación de especialidad clínica en servicio que duró más de 5 años, mi coordinadora me preguntó qué libro quería de regalo. Había escuchado nombrar a una filósofa francesa y para quedar bien con ella, lo pedí sin saber que al elegir “ Elogio del Riesgo” estaba en ese acto demandando permiso para arriesgar. Casi que sabiendo que con todo eso que me llevaba de esa experiencia, lo que tenía que hacer era apostarlo, all in. ¿Qué destino tiene lo que conseguimos si no es para apostarlo, para usarlo de combustible para lo próximo?
Anne Defourmantel en el libro dice : “Tal vez arriesgar la vida sea, para empezar, no morir. Morir en vida, bajo todas las formas de renuncia, de la depresión blanca, del sacrificio. Arriesgar la vida, en los momentos clave de nuestra existencia, es un acto que nos rebasa.”
Vengo escribiendo , acompañando a otros y hablando mucho de las decisiones, de las apuestas, del movimiento. Noto que siempre me encuentro con la misma cuestión, en distintas formas. Hace poco vi la película La grazia ,en ella hay una pregunta que recorre todo el desarrollo del personaje principal: un jerarca que vive atrapado en el pasado, buscando una supuesta verdad que no lo libera, no lo deja avanzar, decidir, arriesgar su presente.
¿Qué tan apegados somos a la certeza?
Vivimos dudando pero actuamos como si no dudaramos. La necesidad de saber, ilusionados por llegar a ese control total nos lleva a una búsqueda ansiosa que nos arroja a vivir en nuestros planes y no habitar el presente. La búsqueda incesante por la seguridad puede dejarnos muertos en vida. Porque lo que no se mueve, se muere.
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¿Será que este tema de la apuesta, la duda, la certeza, la decisión es mi búsqueda? ¿Será que entender cómo decidimos, por qué, cómo es que la sucesión de muchas decisiones constituyen una vida, una vida singular, que no es igual a la tuya, a la del otro me conmueve profundamente a escuchar, a viajar, a estudiar? |
Será quizas que más historias conozco, más me convenzo que existen
tantas vidas para vivir como personas que las viven.
¿De quiénes son nuestros días?
Muchos dicen que son de un amor, otros del estado, que no son por carencia, también están los que se la donan a los hijos. Escabullirse detrás de estas figuras, resignarnos con lo que hay, nos evita (fallidamente) tomar el riesgo: soltar las riendas de nuestro presente, decir no y arriesgarse a seguir los caminos del propio deseo, aunque eso signifique perderse en la selva oscura.
Me convertí en una exploradora de lo inédito, en mi vida y en la de las personas que tengo alrededor. De lo que puede acontecer, del desplazamiento, de la aventura, del riesgo, aunque sea ínfimo.
El libro propone ir contra toda evaluación de riesgos a futuro. Perder la medida. Amigarse con la soledad que subyace a toda elección ,ese acto sin garantías, sin aseguradoras que respondan por nosotros.
El riesgo abre el gran ángulo del horizonte, posibilitando nuevos caminos, posibilitando nuevos caminos, esas vidas potenciales que tal vez den gusto vivir.
Cuando me azota el miedo que ronda al riesgo siempre siempre pienso
“ Voy a estar conmigo toda mi vida, hasta que se termine.
Esa es la única certeza, los días me pertenecen ”





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