«Salir a las rutas te expone a vivir», dijo Juan. Tal vez no lo dijo así, pero eso escuché esa tarde en la autovía llegando a Puerto Montt cuando el auto se paró y no arrancó más.
«¿ Necesitan ayuda ? » Preguntó Mauro y ya no nos soltó la mano.
Estábamos en otro país, sin señal de teléfono, solas y un poco asustadas. A los cinco minutos aparecieron Juan y Mauro. Lo que pasó ya lo conté — la búsqueda de repuestos, la casa de Mauro, las arepas,el temporal del Pacífico.
Lo que no conté es lo que(me) pasó.
El mecánico también era migrante. Lo supe antes de que me lo dijera. Hay algo en la mirada del que conoce lo que es depender de otros en tierra ajena. Nos dimos la mano antes de despedirnos y en ese gesto estaba explícito: podes confiar.
Me sorprende la capacidad de solidaridad, de rescatar y ser rescatado. ¿Es una habilidad que se adquiere al migrar, al exponer a vulnerabilidad habitando nuevos caminos ? Tener que confiar en el que tiende la mano, desarrollar la habilidad de codificar de que está hecho el otro, si es un fuego que enciende, da calor o quema.
Juan encontró en Mauro una familia. Mauro encontró en Juan un amigo, un guardián que le da un lugar que el Estado todavía no termina de darle del todo. El mecánico nos dio la mano porque sabía lo que es estar del otro lado. Y nosotras encontramos en los tres algo que no estábamos buscando pero que me incita a preguntarme, a dar cuenta de mi recorrido una y otra vez.
El que anda en la ruta lo sabe. El que migró lo reconoce. Es algo que se siente y no siempre nombramos.
¿Cómo se llama lo contrario al choque cultural?
De la migración se habla casi siempre desde la romanización o el conflicto. El choque en su vertiente xenofoga, el racismo, el no encaje, el rechazo, el migrante que explota a su compatriota. Hay que darle lugar a eso que quiebra, a lo que duele, pide intervención, genera titulares y demanda intervención estatal.
Pero hay algo que pasa todo el tiempo en las rutas, en los talleres mecánicos, en los barrios y en las cocinas de las casas migrantes, que casi no se nombra.
Ese choque que despierta a las partes. Tal vez integración, tal vez adaptación. Pero no hablo de la integración de los programas gubernamentales ni la de las campañas de ongs. La otra, la del hecho social que le corresponde a los miembros de la sociedad. La que se construye en horizontal, en el “entre”, sin instituciones de por medio, entre personas que se reconocen, se alojan, se habilitan , se entrelazan, retroalimentando sus vidas.
Esa noche, antes de dormir, escribí:
¿Quién soy cuando estoy viviendo experiencias inciertas, sorpresivas? Aprender a soportar, atravesar, ser guía de aventura. Ser, recibir, agradecer, devolver.
Una y otra vez emprender camino. Una y otra vez acercarse a lo nuevo. Una y otra vez dar paso a campo traviesa. Una y otra vez conocer lo desconocido. Una y otra vez no poder dormir y conciliar el sueño.
Hace una semana, en mi cumpleaños, rodeada de amigos, afecto y música, cantaba la declaración de principios que nos regala Fito Paez: ¿ Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer el corazón. Qué distinto es vivir ofreciendo el corazón a escatimarlo, calcular, desconfiar.
Cada vez estoy más convencida de algo: el que menos tiene, más ofrece. Confiar es como un músculo. El corazón. Las piernas. La vida misma. Se desarrolla con cada kilómetro, con cada mano tendida, con cada vez que elegís confiar en lugar de cerrarte.
¿Hasta dónde llegaré? Emociona y asusta. Frente a mis ojos un mundo que se abre, se muestra en sus capas, en sus colores, sus tiempos, relatos de seres que componen un mar de fuegos como diría Galeano. Eljo arder la vida, con tantas ganas que no se puede mirar sin parpadear.
Encender y dejarse prender.
Gracias por leer, Belén





Que bonito texto Belén, llega en un momento donde los medios quieren separarnos entre colores, estados económicos/sociales, procedencia. Y en este texto habla de aquellos que tienden la mano sabiendo que uno puede encontrar en desconocidos de otras latitudes a un gran ser humano, a un conocido del camino que se puede volver un amigo.
Que diferente sería el mundo si se tendiera la mano o se regalara una sonrisa en vez de analizar con un prejuicio.
El mundo es nuestro mundo, estas historias de unión están ahi, pendientes a ser descubiertas, vividas. Que hermosa reflexión, gracias Eva por darle luz!